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  • José Carlos Alemán

Innovación: ¿un lugar común?



En su concepción más básica, innovar es un proceso por medio del cual se modifica un producto o servicio con el fin de aumentar su impacto en el mercado[1]. Si tomamos en consideración esta definición, podríamos asumir que la historia de la humanidad ha estado plagada de innovación, desde la invención de la escritura hasta la incorporación de inteligencia emocional en procesos de decisión, pasando por la introducción del telégrafo, la maquina de vapor, la calculadora, las baterías, el GPS, el Internet y los artefactos de comunicación inteligentes. Es decir, históricamente, hemos estado rodeados de procesos de innovación que nos han hecho evolucionar (o involucionar en algunos casos) como especie.


Se le han atribuido tantos beneficios a la innovación, que muchas investigaciones de grandes centros universitarios como Harvard y Stanford, han estado dedicadas a entender cómo producirla. El término, desde mi perspectiva, ha sido tan “manoseado” en el buen sentido de la palabra, que ha llegado a ser un “lugar común” en las conversaciones cotidianas con la familia o amigos, pero también en foros más técnicos y profesionales. Por eso no estaba precisamente irradiando emoción cuando, hace ya algunos años, en el último semestre de la maestría me encontré con que debía llevar todo un curso sobre esta materia. Después de algunas clases, mi profesor dijo “Creatividad sin orden, produce caos; y orden sin creatividad, es la muerte segura”. Ya para entonces había comprendido que innovar es uno de los procesos más complicados y enriquecedores que puede tener cualquier empresa, y esa frase era clara y simple para explicar que innovar puede representar un riesgo si no se hace de manera adecuada.


¿Por qué esta dicotomía? Pues porque sencillamente, aquellos que abogan por un proceso – internalizado y organizado – de innovación, normalmente consideran mayores recursos económicos y humanos para llevarlo a cabo y, aquellos que abogan por los procesos de control, siempre velarán por el cuidado de los recursos escasos, principalmente el capital.


Entonces entendí que el lugar común que la innovación había ocupado en nuestras conversaciones se debe, en parte, al entendimiento parcial que solemos tener sobre el término. “Tenemos que innovar para crecer”, o “Tenemos que innovar para estar en ventaja frente a nuestros competidores” no son frases poco comunes entre las conversaciones que solemos tener al respecto y, resulta, que éstas no son las preocupaciones que deben orientar los procesos de innovación. En cambio, deberíamos plantearnos las siguientes preguntas a la hora de proponer un proceso de innovación: ¿Cómo la innovación genera valor para nuestros usuarios potenciales?, ¿Cómo capturamos valor de estos procesos de innovación? ¿Qué tipo de innovaciones generarán valor para la empresa, cómo lo captamos y cómo asignamos recursos para ello? ¿Cómo alineamos los procesos y resultados de innovación con la estrategia de la organización?[2].


Para no hacer el cuento largo, terminé haciendo mi trabajo de investigación para obtener el grado de la maestría sobre innovación. Y estas preguntas no solo guiaron la estructura de mi investigación, sino un proceso que comencé a liderar en SiiLA de forma paralela. Prueba de ello es nuestro más reciente lanzamiento tecnológico y de análisis de data: Fibra Analytics.


Como SaaS enfocado en producir data de calidad para quienes participan en el real estate comercial[3] institucional, sabía que debíamos tener y entender todo lo que sucedía con los fideicomisos de inversión en bienes raíces, esto porque, hasta ahora, son los vehículos de inversión que mejor representan al sector.


Pensando en responder las preguntas clave de los procesos de innovación, entendimos que para nuestros usuarios era muy importante comparar ciertos indicadores financieros con aquellos de los fideicomisos para tener un “norte” sobre su análisis de valoración o de retornos.


Era muy importante también, encontrar la información de forma rápida y en un solo lugar con el fin de ganar mayor eficiencia y productividad en sus equipos de investigación y análisis. Entendimos que la actualización de información de mercado y transaccional, metodológicamente realizada, no era suficiente para impactar positivamente en los objetivos de nuestros clientes, debíamos complementar todo esto con la historia reciente del real estate institucional y con ello tratar de provocar el comportamiento futuro de este. Integrar todos estos criterios en una poderosa herramienta tecnológica basada en la nube fue el siguiente reto y de este, seguro después nos podrá hablar nuestro CTO, a quien invitaré a este blog para tener una visión de experto en tecnología sobre el proceso de innovación.


Por último, cuando platicamos internamente sobre los riesgos de innovar, no solo con nuestro modelaje de data, sino en general con la operación, estábamos conscientes de que, si los resultados eran positivos, habría quienes intentarían replicar las iniciativas. Por supuesto, esto no impidió que continuáramos y, seguramente, seguirá sucediendo y sin duda será una excelente señal de que vamos por buen camino.

Por más procesos de innovación siempre.


Gracias.


[1] Real academia española. Diccionario de la lengua española. Disponible en: https://dle.rae.es/innovaci%C3%B3n [2] “You Need an Innovation Strategy”. Gary P. Pisano. Disponible en: https://hbr.org/2015/06/you-need-an-innovation-strategy# [3] Activos capitalizados por rentas.

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